domingo, 4 de octubre de 2020

Féminité du bois - Serge Lutens

Comenzar a dibujar notas aromáticas sin otro protagonista, habría sido absurdo. Tengo la fea costumbre de firmar despedidas eternas con perfumes que han formado parte de mi vida y raramente les doy una segunda oportunidad. Quien regresa, se ha ganado un hueco en mi alma eternamente.

Siempre he buscado un olor que me definiera. Una búsqueda similar al príncipe azul de las películas. Un amor para toda la vida, una estela con nombre y apellidos, un "huele a ti". El cine y los anuncios han modelado unas generaciones femeninas con unos clichés que se agarran como sanguijuelas al subconsciente. Con el paso de los años no solo me di cuenta de que "quién soy" es un continuo cambio, un modelo prismático repleto de huecos y aristas, un ejemplo de contradicción; sino que descubrí que la definición despoja de misterio y es aburrida. No obstante, haciendo gala de esa incoherencia diré que, si con un perfume me siento identificada, es con Féminité du bois de Serge Lutens.

Perfume Féminité du bois de Serge Lutens

Si le tildo de icónico pensaréis que el amor me ciega y que digo chorradas pero lo cierto es que detrás de este perfume hay historia. Nació en 1992 y fue revolucionario. Fue la primera fragancia amaderada (las notas de madera constituyen el 60% de la composición) para mujer. Y aquí me vais a permitir una reflexión: si pensamos que la perfumería moderna es anterior al siglo XX, tuvieron que pasar más de 100 años para que un perfumista considerase que las notas amaderadas podrían ser utilizadas y del gusto de las mujeres. Cine, publicidad, perfumería y la mano masculina dirigiendo la orquesta...

Fue encargada a Serge Lutens por la firma de cosmética Shiseido, con la que venía colaborando desde los 80. Los creadores fueron Pierre Bourdon y Christopher Sheldrake y quisieron vestirlo de gala comercializándolo en piezas únicas de cristal ahumado, elaboradas artesanalmente. Años más tarde, creo recordar (hablo de memoria) que sobre 2005-2006 se deja de vender bajo el sello japonés y no es hasta 2009 cuando Serge Lutens la recupera. De nuevo, Christopher Sheldrake, autor de innumerables perfumes de la marca, la reinterpreta y vuelve a salir al mercado.

Nos encontramos alrededor del año 2000 y lo nuestro fue un flechazo. Dos envases después me abandonó sin decirme que se iba. Cuando intenté buscarlo, había desaparecido de los stands. Por suerte, nuestros caminos se han vuelto a unir.

Perfume, Feminité du Bois, Shiseido


Pertenece a la familia olfativa Oriental Amaderada para hombres y mujeres. 
  • Las notas de salida son: cedro de Virginia, canela, ciruela y durazno
  • Las corazón son clavo de olor, ylang ylang, violeta, flor de naranjo africano, jengibre y rosa
  • Las de fondo, vainilla, almizcle, sándalo y benjuí (fuente: Fragantica).

De estela media y duración cercana a las 5 horas en mi piel híper seca como conjunto. Pasado ese tiempo, aparece tímidamente con algunas notas sorpresa. Un par de pulsaciones son más que suficientes para vestirla con presencia. 

La nueva versión ha mantenido la esencia pero es innegable que Féminité ha cambiado. Mi nariz dice que se ha feminizado y aligerado. Recuerdo un perfume en el que el Cedro del Atlas aportaba una rotundidad que se manifestaba de principio a fin. Hoy es el Cedro de Virginia, menos seco y más ligero el que da la bienvenida. A diferencia de la versión anterior en la que nunca perdía el protagonismo, la nota se va diluyendo e integrando con el fondo, creando conjunto menos incómodo. A esto también ayuda la eliminación de las notas de miel y cera de abejas. La Féminité de hoy tiene más fácil la conquista que la del siglo pasado. 

Después del momento inicial, el cedro cede su puesto a las notas melosas del melocotón y la ciruela, subrayadas por una canela que continuará viaje hasta fundirse con un corazón eminentemente floral, en el que la violeta y la rosa destacan, puntualizadas con las notas especiadas del clavo del olor y del jengibre. El fondo mantiene la estructura del perfume, asentándola gracias al sándalo y el almizcle e incidiendo en esa dulzura agradable con vainilla y benjuí.

Tiene un aroma cálido y envolvente, que pide a gritos vientos de otoño y nubes de invierno. Una fragancia con carácter alfa, no apta para días discretos o noches tranquilas; tampoco para quién aborrezca las notas dulces aunque poco tiene que ver con la densidad de lo gourmand, es un dulce frutal y equilibrado. Un perfume con toques de misticismo y de misterio que soporta mal las medias tintas porque exige amor u odio, no tibieza. 

Yo la amo aunque añoro esa agresividad teñida de atrevimiento que antes la hacía más exclusiva por difícil y asisto a su serenidad y democratización con una mirada nostálgica y una mueca de fastidio. La madurez me ha enseñado a conformarme con las pequeñas victorias: no pertenece al circuito comercial y nunca será objeto masivo de regalos de navidad. 

Me despido hasta la próxima. Me encantaría saber qué opináis de ella y si la habéis probado. 

¡Sed buen@s!
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